lunes, 20 de octubre de 2008

Breve analogía entre la Licantropia y la Melancolía Amorosa

Elucubraciones de Adso de Melk

Me enteré también, por una frase de Santa Hildegarda, de que el humor melancólico que había sentido durante el día, y que había atribuido a un dulce sentimiento de pena por la ausencia de la muchacha, se parece peligrosamente al sentimiento que experimenta quien se aparta del estado armónico y perfecto que distingue la vida del hombre en el paraíso, y de que esa melancolía «nigra et amara» (negra y amarga) se debe al soplo de la serpiente y a la influencia del diablo.
Idea compartida también por ciertos autores infieles de no menor sabiduría, pues tropecé con las líneas atribuidas a Abu Bakr-Muharnmad Ibn Zaka-riyya Ar-Razi, quien, en un Liber continens (Libro Continente, o compendio sobre enfermedades), identifica la melancolía amorosa con la licantropía, en la que el enfermo se comporta como un lobo. Al leer su descripción se me hizo un nudo en la garganta: primero se altera el aspecto externo de los amantes, la vista se les debilita, los ojos se hunden y se quedan sin lágrimas, la lengua se les va secando y se cubre de pústulas, el cuerpo también se les seca y siempre tienen sed. A esas alturas pasan el día tendidos boca abajo, con el rostro y los tobillos cubiertos de marcas semejantes a mordeduras de perro, y lo último es que vagan de noche por los cementerios, como lobos.

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